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El GRAN Plazas

Conocí a  Edgar Plazas, obviamente, por Santa Fe. Yo muy joven era asesor del Despacho del Ministerio de Comunicaciones y él fue nombrado como Presidente de Inravisión. Un día, después de una reunión me dijo: ¡Doctor Carreño!, usted es muy santafereño,yo lo veo en el estadio. A lo que obviamente respondí que claro, que era mi gran pasión.

Ese día, me contó todas las situaciones económicas difíciles por las que atravesaba el club y él personalmente por su solidaridad con el club. Una historia más de las cientas de crisis económicas  que tuvo la institución a lo largo de su historia, y me pidió que como abogado lo ayudara haciéndome cargo de unos procesos laborales y civiles que tenía el club y por los que no tenía plata para pagar su defensa, que si yo podía buscar la manera de negociar con los acreedores y buscar acuerdos de pagos con ellos, a lo cual le contesté muy feliz que claro, que para mi era un honor ayudar a  defender la causa santafereña.

Fue ahí cuando nació una larga amistad que se mantuvo vigente durante todos los días de  cada mes de estos últimos 20 años. Un hermano mayor o un segundo padre de esos que “te regala la vida ” y que sin vínculos familiares o causas evidentes, de la noche a la mañana, alguien se vuelve un actor protagonista en tu vida y uno en la vida de esa persona,  sin entender nunca muy claramente el  por qué ni el  cuándo pero que cada día es más importante el papel que juega esa persona en tu vida y uno en la vida de esa persona.

Compartí con Edgar proyectos profesionales, trabajos y  a pesar de la diferencia de edad entre los dos, compartimos cosas maravillosas con nuestras familias, estuvimos mutuamente en todos los momentos importantes de cada familia en estos años, obviamente compartimos una amistad en la que nos apoyamos en muchos momentos buenos y malos, pero claramente el mayor factor de unión fue nuestro amor  y nuestra pasión obsesiva por Santa Fe.

Santa Fe fue sin duda la causa de sus mayores dolores de cabeza, durante toda su vida,  pero increíblemente porque así es la vida,  fue también la causa de sus mayores alegrías y sus mayores satisfacciones,  eso sí todas emocionales, porque a pesar de lo que pudiera pensar la gente, fuera del futbol, Santa Fe económicamente nunca le dio ninguna satisfacción a Plazas,  solo dolores de cabeza e inconvenientes personales,  porque se endeudó muchas veces para ayudar a Santa Fe o para comprar acciones, o hasta para responder por deudas de la institución, como aquella vez de la que me habló precisamente el día que nos conocimos en el año de  1997,  cuando le embargaron su sueldo porque Santa Fe no pagaba los arriendos de su sede ubicada, en esa época,  en el barrio La Castellana y Édgar por su generosidad e incluso un poco de irresponsabilidad e ingenuidad,   firmó como deudor solidario de la entonces corporación y vio comprometida su estabilidad personal y familiar por esa situación.

Édgar fue, en general, y particularmente como directivo deportivo,  un hombre recio,  luchador, de palabras claras,  le decía al pan, pan y al vino, vino.

Plazas,  como le decían en Santa Fe, decía lo que pensaba,  lo cual le generó muchos problemas y varias enemistades,  especialmente en el mundo del futbol. No tenía filtro, decía las cosas como las veía y las sentía.

Tenía una condición que muy pocas personas tienen en este mundo, Édgar lograba lo que se proponía,, no fue por casualidad que logró destacarse en tantas facetas diferentes y tuvo tantos, pero tantos amigos. Édgar un día dijo q quería ser presidente de Inravisión y lo logró. Otro día que quería ser diplomático en Venezuela y lo logró. Otro día decidió que quería ser comisionado de televisión y contra viento y marea: lo logró. Que quería ser Presidente de Paz del Río y lo logró. Cada idea suya era más osada y más difícil, pero para él no había fronteras, y lo más importante: siempre su sueño  fue ser presidente de Santa Fe y en efecto tuvo el honor de serlo, incluso en una época muy difícil, en tiempos del Proceso 8.000,  cuando el principal accionista de Santa Fe  se vio implicado y obviamente tuvo un efecto económico directo sobre las finanzas del club, lo cual a Plazas le importó en lo más mínimo. Plazas, a pesar de la aguda crisis económica, asumió la Presidencia del club en 1996  y  sin un peso,  montó un equipo bien conformado, dirigido por Julio Comesaña y liderado por Rúben Darío Hernández  que hizo un gran torneo,  batallando hasta la última  fecha por llegar a la Copa Libertadores,  lo cual no se logró, por un arbitraje desastroso en Barranquilla,  que obviamente Plazas salió a denunciar en su estilo,  sin pelos en la lengua y que le valió una gran sanción.

Édgar fue  accionista de Santa Fe  toda una vida, expresidente del club,  como lo acabo de recordar, el miembro de la Junta Directiva de la Corporación y ahora de La Sociedad Anónima,  que más años duró en la historia de la Institución. Entró la primera vez en el 1975 como suplente de Daniel Samper y entre ires y venires, estuvo más de 35 años en la Junta  Directiva, estuvo activamente vinculado a la institución, toda una vida. Realmente solo se retiró los años  de Efraín Pachón, luego cuando Hugo Prieto salió de la Presidencia y cuando asumió la Presidencia  de Paz del Río.

Édgar estuvo en todos los momentos de la historia Cardenal de los últimos 40  años. En las épocas de gloria de Guillermo ‘La Chiva’ Cortés , el chileno Hormazábal,  el maestro Cañón y Ernesto Díaz. Estuvo en las peores crisis deportivas y económicas del club, cuando parecía que la tormenta jamás acabaría. Siempre poniendo la cara, siendo solidario, buscando soluciones. Le tocó lidiar con Adolfo ‘El tren’ Valencia,  las huelgas de hambre de finales de los noventa,  se enfrentó ferozmente con Juan José Bellini cuando llegó a la Federación de fútbol, libró muchas guerras y batallas.

Pero gracias a Dios, al Dios santafereño, también estuvo en estos últimos años de gloria,  acompañó a Pastrana y a todos nosotros en la junta hasta poco antes de su dolorosa muerte, eso sí, en  su estilo de no tragar entero, de pelear lo que no le gustaba, de construir en las diferencias, pero eso sí, también hay que reconocer como lo reconoce el actual Presidente César Pastrana, quien con el paso del tiempo se volvió uno de sus mejores amigos: con una lealtad impresionante,  combatiendo por volver a llevar a Santa Fe a los lugares de gloria, a los cuales era su sueño de santafereño furibundo: La cumbre del fútbol mundial.

Y estando en esta tarea, le llegó la hora de enfrentar el partido más difícil de su vida…

Lo enfrentó como los valientes, con tesón como él sabía desafiar los retos: “no me voy a dejar derrotar por una enfermedad, tenemos que sacar a Santa Fe campeón de América”, me dijo un dia en Argentina cuando se asomaba su enfermedad y jugábamos con Estudiantes de la Plata la posibilidad de llegar a octavos de final en la Copa Libertadores de este año 2015, y así fue, como  lo ha vivido nuestro capitán Ómar Pérez, con quien cada vez que pensamos que ésta fue su última batalla, su última contribución a la gloria, cada semestre, el Gran Ómar revivía  como el ave fénix. Édgar le ganó mucho tiempo a su enfermedad contra todos los pronósticos médicos para acompañar a su verdadero amor el día de su gloria.

Ocho días antes del partido final en Bogotá por la Copa Sudamericana, previo al juego con Huracán en Buenos Aires, Édgar ya en la clínica en un estado muy crítico, me dijo: Juan Andrés dile a Pastrana que yo voy a acompañarlo a la celebración del título de la Sudamericana ¡Vamos  a ser Campeones!. Yo obviamente, pensé: Es imposible, no podía prácticamente levantarse.

Pues pasaron 8 días, Santa Fe jugó la final y se cumplió el pronóstico de Édgar, pero lo más importante, me llamó antes del partido y me dijo: “Juan  Andrés, esté pendiente, yo pedí salida de la clínica  porque voy a celebrar el título con los jugadores. En verdad, yo no podía creerlo…

Y casi como en esas crónicas milagrosas que ilustra la Sagrada Biblia, Édgar me llamó mientras dabamos la vuelta Olímpica en  el Campín  y me dijo: “Ya estoy listo”, yo le dije: “Édgar se van a demorar mucho, falta ir al Simón Bolívar. La celebración en el hotel va ser después de medianoche, no creo que sea prudente Édgar”, y me contestó: “Carreño yo llego  al Dann a celebrar y punto, voy a  saludar a los gladiadores. Pasamos a la historia Carreño. Ya Santa Fe es un equipo campeón de América”. Y agregó: “El primero de Colombia, dígale a Pastrana que esto es grande”.

Y Édgar, después de estar clínicamente en estado crítico, llegó a la celebración al Hotel DANN, caminando por su cuenta con la altivez, serenidad y la berraquera que siempre tuvo en su vida, acompañado de sus hijos Cristina y Camilo. Los amores de su vida, y Lucía su leal compañera de vida. Pasada la medianoche, entre júbilos, aplausos y cantos apareció como el más grande de los gladiadores y saludó uno a uno a los ganadores de la Sudamericana.

Ustedes pensaran que estoy exagerando pero les juro que NO fue una escena épica de epopeya que se simbolizó en el eterno abrazo que se dieron Plazas y Ómar cuando se vieron mutuamente uno al otro, ese fue un encuentro de grandes, de valientes, de hombres rudos que no se dejan vencer.

Gracias  Plazas por sus enseñanzas, por su tesón para luchar, por su ejemplo guerrero de que nada está perdido, por su franqueza, por su lealtad, por ese inmenso amor por sus hijos, por ser un amigo incondicional, por su berraquera y sobre todo por ser el mejor  ejemplo  ese  AMOR  y esa PASIÓN santafereña, que solo entendemos y sentimos los santafereños.

VIVIRÁS POR SIEMPRE  ÉDGAR, Y ¡QUE  VIVA SANTAFE CARAJO!

Juan Andrés Carreño
Junta Directiva
Independiente Santa Fe S.A 

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